Dicen que no hay dos novias iguales y por tanto tampoco dos ramos iguales. El ramo es una de las elecciones más personales de la novia, muchas veces aún más personal que el vestido, porque lo podemos elaborar desde cero. Es uno de los complementos que precisa mayor intervención a la hora de confeccionar su aspecto: en forma de cascada, con mayor o menor volumen, con flores pequeñas, sencillos, tradicionales, vanguardistas... la gama de posibilidades es infinita y comienza con la elección de la flor dependiendo de la época del año en que se celebre el enlace.
Desde las clásicas rosas frescas, hasta las sofisticadas orquídeas, las sencillas flores del campo o los delicados nardos, la composición floral se convierte en un auténtico universo donde es difícil decidirse por la versión definitiva, ya que el límite está determinado por nuestra imaginación.
Antes de comenzar a pensar en nuestro ramo, lo más común es fijarse en los ramos lucidos por otras novias, para hacerse una idea de cómo nos gustaría que encajase con el vestido o la decoración floral de la Iglesia y el banquete. Las bodas de las casas reales europeas son un claro ejemplo de cómo un sencillo conjunto de flores puede aportar un toque diferente a cada novia, sin hacerle perder un ápice de estilo personal, más allá de la pomposidad de estas bodas.
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